¡Qué sensación más rara!

Me considero un afortunado por poder estar escribiendo esto desde el campo. Pero no es aquí donde me gustaría estar, la verdad.

Hoy es 30 de julio y mi sitio debería estar en un campamento perdido por Salamanca, por Ávila, por La Rioja… donde fuese. Debería tener ojeras por haber dormido poco la última noche, ayer habríamos podido disfrutar de las actuaciones de las secciones en la velada y hoy habríamos cargado el camión y estaríamos subiendo a los buses para un viaje juntos de vuelta. Nos tocaría estar contando todas las anécdotas del campa, recordando aquellas lágrimas en los pasos, aquellos juegos que fueron muy chulos, la tormenta en la que corríamos a por refugio o la comida en la que pasó una cosa que no olvidaremos. Debería tener moreno de campamento, la marca de los calcetines por encima del tobillo y habríamos encontrado 3 cajas de objetos perdidos que ninguna castora, lobato o scout reconoce. ¡Menos mal que la mayoría hubiesen ido etiquetadas por las familias! Ayer se debería haber desmontado el platero, el neceserero, se hubiese tirado el mástil del patio de banderas después de las buenas tardes…

La colonia habría despedido a los castores a los que empezaba a salirles pelo detrás de las orejas con un ¡A-D-I-O-S, ADIOS CASTORES!

La manada estaría triste a la vez que orgullosa entonando su último Gran Clamor de la ronda y habríamos cantado con lágrimas el “Te vas de la Manada”.

La sección scout habría sacado su fuerza para hacer los gritos de patrulla por última vez demostrando el trabajo en equipo que han tenido toda la ronda.

Los escultas hubiesen afinado sus voces para compartir el Himno de la Unidad para despedir a los compañeros con los que han vivido tantas y tantas experiencias. No se habrían podido resistir a botar juntos al sonido de:

Te quiero Al-karas lololololo
te quiero Al-karas lololololo…

haciendo temblar cualquier suelo

Y el Clan… hubiese conseguido reunir sus canoas por última vez en el campamento. Después de encontrar aquella montaña perdida en el cielo y de haber descubierto una laguna azul, 4 rovers se habrían despedido de sus compañeros para abandonar esta etapa, conscientes de haber disfrutado de la dicha de estar en el Clan.

El Kraal habría pasado noches en vela porque todas las niñas y niños durmiesen mejor, superasen las primeros días fuera de casa. Hubiese dado lo mejor de ello mismos para compartir el escultismo, para reír con los demás scouters, para transmitir la emoción de las despedidas y para sentir como propios hermanos y hermanas a todas las personitas que componen este gran grupo.

El Comité, después de ayudarnos con los preparativos del Campamento, hubiese sido parte imprescindible de él. Habría entonado ¡SIEMPRE A TIEMPO! ¡EA! Hubiesen tratado a cualquier castor, lobata o esculta con el cariño de sus propias hijas e hijos… y tras 15 días incansables en las cocinas, en las furgonetas, comprobando que a nadie le falta de nada… todos y todas hubiésemos hecho lo mismo: darles nuestras más sinceras gracias.

También las para las familias habría sido un día especial. Hubieseis estado pendientes del móvil para saber la hora de llegada del autobús. Nos habríais esperado en el Teatro de la Paz y escucharíais con entusiasmo las historias de vuestros hijos e hijas al llegar… o habrías aluciado con lo sucia que venía la ropa o las 14 horas de sueño la primera noche al llegar. “¿Qué habrán hecho para llegar así de cansados?”, pero con la cabeza pensando lo contentas o contentos acaba siendo: “¿Qué habrán hecho para llegar así de felices?”

Hoy habríamos entonado todos juntos la letra…

Llegado ya el momeeeento
de la separación
muy pronto junto al fueeego
nos reunirá el amor…

Por quinceavo campamento consecutivo, nos habríamos emocionado con esa canción de despedida. Este año, el del 15 aniversario, no ha podido ser. Para mí personalmente, pero también para algunos y algunas más, es el primer año de esta etapa que no volvemos, como dije al principio, con el moreno de campamento o con la pañoleta que salió de casa blanca, verde y azul con un tono más bien marroncillo, verde y azul.

Podríamos lamentarnos de todo lo que pudo ser y no ha llegado a cumplirse. Esta época rara hemos dejado de hacer juegos con los más pequeños, no hemos chapoteado en el estanque, no hemos corrido y aullado en la selva, no hemos cuidado nuestros banderines como parte indispensable de la patrulla, no hemos abrazado nuestros escultas, algunas de las canoas les ha costado seguir remando como la fluidez de antes, no nos hemos pintado las caras como indios, hemos dejado paradas las actividades con las familias que con tanta ganas empezamos…

Pero después de ello, pensaremos en lo que aprenderemos de esto y lo que está por venir. Se han hecho cosas de las cuales debemos estar muy orgullosas y orgullosos. Todas las secciones, han podido seguir meses de actividades más o menos grandes, los scouters han seguido demostrando que quieren muchísimo a los pequeños y las pequeñas con las que han compartido tanto tiempo y con la vuelta de la “nueva normalidad” hemos podido volver a vernos un poquito, hemos entrado al local, hemos corrido por el parque y hemos hecho rutas. Aunque de manera diferente, nos hemos vuelto a abrazar a distancia, nos hemos vuelto a mirar con complicidad y todas y todos sabíamos que detrás de la mascarilla había una sonrisa de placer, de placer por volver a vernos. Hace 5 días los rovers que finalizaban su etapa pudieron hacer su experiencia en soledad acompañados de otra manera por los que más quieren. Un día más tarde pudieron sentir por última vez la canción del clan, a Akela leyendo la despedida de la selva y se comprometieron a continuar su andadura dentro del escultismo a partir de ahora como scouters. ¡Gracias por querer devolver al Grupo lo que os ha dado estos años!

Y me despido de todos vosotros haciendo una única petición. Una petición que sé que es difícil, pero que no quiero irme sin hacerla. El Grupo Scout Almenara somos todos los que leéis esto. Somos muy diferentes, cada uno viene de su casa, pero, al fin y al cabo, muchos y muchas consideramos esta nuestra segunda familia. El apoyo necesario cuando flaquean las fuerzas y el impulso fundamental para relanzar la ilusión. Por ello, os pido que sigáis depositando vuestra confianza en lo que construimos entre todas y todos. Los tiempos que vienen son muy inciertos, pero creemos que podremos adaptarnos y con vosotros a nuestro lado, seremos más fuertes que nunca. Haremos que los cambios que tengamos que hacer sean para volver con más ganas y todos nos deis la oportunidad de seguir creciendo a nuestro lado. Que el proyecto que empezaron unos poquitos consigamos seguir haciéndolo la manera de ver la vida de todas y todos los que vemos blanco, verde y azul como algo más que 3 colores.

Un abrazo emocionado y un fuerte apretón de mano izquierda.

Buena caza y largas lunas,

Raúl